Hazard y Morata

El crecimiento competitivo del Fútbol Club Barcelona de Valverde ha conseguido que, a 20 de febrero, no haya una forma empíricamente demostrada de hacerles daño. Al igual que a nivel ofensivo sí que parece haber más formas de controlar lo controlable, pues además es un conjunto que prioriza el orden propio por encima del desorden rival, en el apartado defensivo el conjunto culé ha experimentado una mejora significativa en varios aspectos. Esto no quiere decir que el Barça sea invulnerable, porque no lo es, pero lo cierto es que los caminos que antes explotaban los rivales con mucho conocimiento de causa ahora no son tan válidos ni en la forma ni en el fondo.
La presión alta que durante la era Luis Enrique pusieron en liza muchos rivales ya no otorga a los contrarios ningún rédito ofensivo. La velocidad punta, el mejor arma para atacar cualquier defensa adelantada, cada vez tiene menos impacto en Umtiti y Piqué, pues a partir de la presión el FC Barcelona ha vuelto a conseguir que el primer pase de los contrarios sea de baja calidad. Los partidos ante el Valencia fueron un gran ejemplo de esto. Y, por último, el truco de los tres pases, es decir, de sumar pases para calmar la presión tras pérdida y aprovechar la falta de talento defensivo en campo propio que suele tener el Barça, es menos efectivo que nunca gracias al trabajo de pizarra de Ernesto Valverde, que tiene en la posición más cerrada y retrasada de Rakitic un gran argumento en este sentido.
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Dicho esto, Álvaro Morata y Eden Hazard son dos futbolistas que por sí mismos no sólo pueden aprovechar contextos favorables, sino que también están más que capacitados para generarlos.
En el caso del español, a poco que físicamente esté bien, ya somos conocedores de su impacto en la Champions League. La amplitud de sus movimientos, ya sean verticales o hacia las bandas, son un problema para cualquier pareja de centrales, pues les exige salir de su zona de confort. Estos desmarques, además, son los que luego le permite al Chelsea subir escalones de la forma en la que quiere Antonio Conte. Es decir, que Bakayoko pueda descolgarse en ataque, que Cesc comande el ataque en la zona central, que Hazard esté cerca de la zona de peligro y que los carrileros puedan llegar a las destinos donde hacen daño, que vienen el área en el caso de Marcos Alonso y la línea de fondo en el de Moses. Una buena versión de Morata es, en definitiva, tiempo y espacio a bajo coste, ya que ni siquiera necesita envíos de mucha calidad para sumar.
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Pero con esto el Chelsea no tendría suficiente ante un Barcelona tan seguro en lo posicional y tan acertado en lo individual. Umtiti, Piqué, Alba y Ter Stegen exigen un plus de creatividad y colmillo que el Chelsea sólo puede ofrecer a partir de la figura de Eden Hazard. El belga, desde que está en el carril central, ha despegado de forma definitiva. Un futbolista tan rápido y tan desequilibrante, si sabe habilitarse por dentro, condiciona por completo cualquier plan. Y Eden sabe. Atacando la espalda de Busquets, pero también sus lados, donde suele ser más fácil habilitar una línea de pase para sus centrocampistas, Hazard representa la clase de reto que no existe en La Liga pero que la Champions League te obliga a superar.