Una inversión a largo plazo

Aunque Emre Mor (1997) y Samu Castillejo (1995) parecen estar en dos momentos diferentes de su carrera, ambos están atravesando una etapa más o menos similar dentro de su periodo de aprendizaje. Ésta es una fase que en realidad nunca acaba. La formación de un talento no finaliza con la llegada a la élite ni con su consolidación en un determinado rol. Los futbolistas siguen creciendo y aprendiendo hasta el día de su retirada. Si no, su calidad, sea cual sea ésta, quedará infrautilizada o incluso obsoleta.
Descubre las camisetas de Fútbol de las selecciones del mundial 2018,llevatelas al mejor precio
Los ritmos de aprendizaje, además, varían enormemente. Y no sólo por el evidente hecho de que no hay una persona igual a otra, sino también por una circunstancia no menor en este caso: tampoco hay un futbolista igual a otro. Sus condiciones, a menudo, afectan directamente a este proceso. Sobre todo en relación a la forma en la que tienen de marcar diferencias. Pongamos un ejemplo. Un chico de 13, 14 ó 15 años comienza a dominar y progresar en todas las categorías a partir de su velocidad punta. Aprende a desmarcarse, a atacar los espacios, a manejar los tiempos de la carrera. Pero, ¿cómo va a crecer en otros aspectos? ¿Cómo va a manejarse en espacios reducidos si jamás se ha enfrentado a ese reto? Y lo más importante, ¿qué pasará cuándo vea que su velocidad no marca tantas diferencias?
Es en ese momento cuando se inicia una nueva etapa, una nueva lucha, en la que el futbolista debe redescubrirse a sí mismo, reordenar sus propias virtudes y aprender a mezclaras tanto con el contexto que le ofrece su equipo como con el que le presenta el rival. Y en ello están Samu Castillejo y Emre Mor.
Aunque con sus diferencias, tanto el malagueño como el danés de origen turco responden a un biotipo de futbolista parecido. Su génesis es la velocidad y el desequilibrio. Son muy ágiles, llevan muy pegado el balón a los pies, pueden salir por ambos lados y, sobre todo, son tremendamente creativos desde el regate. A consecuencia de esto, quemaron etapas a gran ritmo y emergieron muy pronto en la élite. Pero lo hicieron, eso sí, como un elemento meramente individual. Un hecho que además de limitar su relación con el juego amenazaba -o amenaza- con limitar el impacto de su talento. Porque el regate es el arte más puro que hay y la velocidad casi una condición para ser futbolista, pero la evolución del fútbol ha ido provocando que ambas cualidades, por sí solas, cada vez signifiquen menos.
Encuentra las botas de futbol que mas se adapte a tus características
El juego cada vez es más complejo. Hay menos espacio en cualquier zona del campo y todo va a mucha más velocidad. A pesar de la influencia de las pizarras, el fútbol sigue siendo de los futbolistas, sí, pero no de todos los tipos de futbolistas. Esto ha cambiado. Los nuevos retos exigen una mayor comprensión de lo que sucede alrededor y una mejor toma de decisiones. Y en esto también se trabaja.